Cuando la Vida Cambia de Rumbo: Descubres el Poder de Seguir Soñando

Hola, soy David.
Cuando me pidieron que compartiera mi historia con ustedes, me di cuenta de que nunca me había detenido a pensar en cuánto tiempo ha pasado ni en todas las cosas que han cambiado desde que mi vida se cruzó con la leucemia mieloide crónica (LMC).

Todo comenzó con unas pequeñas masas en mis piernas. Fue la razón por la que decidí hacer mi primera consulta médica. Me examinaron, me pidieron un cuadro hemático y una ecografía. Sin embargo, la ecografía nunca la llegué a hacer… las circunstancias cambiaron demasiado rápido.

Recuerdo que tenía clases en la universidad cuando mi madre vino con los resultados de los exámenes. Al ver que algo no estaba bien, los llevó urgentemente a la IPS (Institución Prestadora de servicios de salud). La doctora revisó los resultados y con preocupación, le dijo que debían llamarme para que me valoraran lo más pronto posible. En ese momento, estaba en clase, así que mis padres me llamaron. La urgencia en su voz me preocupó, pero no me decían por qué era tan importante que dejara todo y me fuera con premura. Bajé tan rápido como pude, llegué a casa, pero todo parecía aparentemente normal.

Fuimos a la consulta y me atendió un internista. Me recomendó ingresar por urgencias, pero no me dio más detalles. Salí de su consultorio y me encontré con media familia esperándome afuera. En ese momento, una ola de dudas me invadió: ¿Qué estaba pasando? Todo sucedió tan rápido… de un minuto al otro, estábamos hablando de qué hospital tenía el mejor hematólogo. Creo que ese fue el punto de quiebre. Miré a mi madre y le dije que no me movería de ahí hasta saber lo que estaba pasando. Y en ese instante lo supe: horas después ingresaba a hospitalización.

Sonará raro, pero durante esos primeros días en el hospital, me lo tomé como unas vacaciones. Al principio no entendía bien todo lo que pasaba, y de esos días, pocas cosas son importantes para contar. Sin embargo, algo que no olvido fue una conversación con una enfermera.

Estaba en mi habitación, terminando un informe de la universidad, cuando ella entró y, sin rodeos, me dijo que debía dejar de pensar en los informes, que lo que comenzaba ahora era una etapa difícil y que me tocaría enfrentar muchas cosas complicadas. Me dijo que debía dejar de lado la universidad. No pude creer lo que estaba escuchando.

Pero en ese momento, algo dentro de mí cambió. Fue claro: nadie me iba a desanimar. Nadie me iba a impedir seguir mis sueños. Ella no me conocía, no sabía lo que era capaz de hacer. Decidí que no dejaría que nada ni nadie me iimpidiera cumplir mis metas, mis sueños.

Después de esa conversación, terminé mi carrera. Me gradué como ingeniero mecatrónico, hice una maestría, me apasiona el deporte, voy al gimnasio cuatro veces por semana, salté en bungee, practico buceo, hago surf, disfruto de los viajes con amigos, mi afición por la cocina me convirtió en emprendedor… y sobre todo, lo más importante sigo soñando.

Mi consejo para ustedes es: «No dejen de soñar. Y, aún más importante, disfruten de cada instante. La vida es única, y cuando llegue el momento en que la parca se acerque, asegúrense de tener historias increíbles que contarle en ese camino incierto, porque no sabemos a dónde nos llevará.


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