
Este domingo, Colombia celebra el Día de las Madres, una fecha que nos invita a detenernos y agradecer con profundidad. Pero también es una oportunidad para reconocer a aquellas madres cuya maternidad ha estado atravesada por la experiencia del cáncer, como pacientes o como cuidadoras.
En este espacio, donde las palabras buscan consuelo y verdad, queremos rendir un homenaje distinto. Uno que no idealiza, pero sí honra. Uno que no silencia el dolor, pero celebra la fuerza silenciosa del amor que acompaña, incluso en medio del miedo y la incertidumbre.
Por eso, en casada con el cangrejo, reconocemos «Cuatro formas de sostener el amor cuando el mundo cambia”.
Cuatro formas de maternidad, cuando la vida se sacude. Cuatro huellas de amor incondicional que merecen ser vistas, escuchadas y abrazadas.
A todas las madres que han amado en medio del dolor, del diagnóstico, del cuidado incansable o de la despedida: este es nuestro reconocimiento, nuestro abrazo y nuestro compromiso.
- Madres en tratamiento de cáncer: Amor que también necesita cuidados
En el Día de la Madre, abundan los mensajes sobre fuerza y valentía. Pero hay mujeres que no siempre se sienten reflejadas en esas palabras: son las madres que, hoy mismo, atraviesan un tratamiento contra el cáncer. No están en el “después”. No han cerrado el ciclo. Están en el centro del proceso: lidiando con efectos secundarios, citas médicas, emociones cambiantes y responsabilidades que no se detienen, aunque el cuerpo lo pida.
Ser madre en medio del tratamiento implica una entrega muchas veces invisible. Porque, aun con dolor, cansancio o incertidumbre, siguen pendientes del desayuno, los cuadernos, las tareas escolares, los abrazos que hacen falta. Pero eso no significa que no necesiten parar. También necesitan ser cuidadas.
Muchas expresan sentimientos de culpa por no poder estar “como antes”, por no tener la misma energía, por los cambios físicos que afectan su autoestima y su rol como cuidadoras. Validar esas emociones es urgente. No se trata de exigirles entereza, sino de acompañarlas desde la comprensión y la escucha.
Necesitamos hablar de un acompañamiento real, más allá del tratamiento médico. Uno que incluya:
- Apoyo psicológico, donde puedan expresar su miedo o tristeza sin temor a ser juzgadas.
- Redes prácticas de apoyo, que les ayuden con tareas diarias como cuidar a los hijos o hacer mercado.
- Espacios para descansar sin culpas, porque el descanso también es una forma de cuidado.
- Recursos para hablar con los hijos, que les permitan explicar lo que viven con palabras claras, amorosas y adaptadas a su edad.
A veces, no necesitan discursos. Necesitan una comida caliente, alguien que recoja a los niños o simplemente una presencia que no juzgue. También necesitan saber que no tienen que ser “súper mamás” todo el tiempo. Que está bien decir “hoy no puedo” o “necesito ayuda”.
En Casada con el Cangrejo, abrazamos a cada madre en tratamiento. Porque el amor que dan también merece ser sostenido. Porque la maternidad, aun en medio del cáncer, sigue siendo un acto profundo de cuidado, pero también de vulnerabilidad.
- Madres de niños, niñas y adolescentes con cáncer: cuando el amor se convierte en hospital
Ser mamá de un hijo con cáncer no se parece a nada. Es un rol que exige una entrega completa, muchas veces silenciosa. Son mujeres que cambian juguetes por fórmulas médicas, parques por salas de espera, rutinas por incertidumbre. Ellas no solo cuidan: también preguntan, investigan, reclaman, organizan, negocian con el dolor y sostienen la esperanza con manos temblorosas.
Estas madres necesitan más que flores en su día. Necesitan acompañamiento emocional, redes de apoyo reales, condiciones dignas para quedarse junto a sus hijos hospitalizados, licencias laborales justas y un sistema de salud que las escuche.
En Casada con el Cangrejo, hemos caminado con muchas de ellas. Sabemos que lo que hacen no es “heroico” en el sentido romántico: es profundamente humano. Y merece ser reconocido como tal.
- Madres que han sobrevivido al cáncer: otra forma de volver a nacer
Algunas mujeres celebran este Día de la Madre con una cicatriz que no se ve a simple vista: la que deja el cáncer. Son madres que estuvieron allí, en la incertidumbre, la caída del cabello, el miedo, los tratamientos. Y que hoy están del otro lado, en esa etapa que llaman “remisión”, aunque para ellas nada vuelva a ser igual.
Volver a ser madre después del cáncer tiene otros matices: nuevas formas de ver el cuerpo, la vida, el tiempo con los hijos. Algunas redescubren lo esencial, otras necesitan reconstruir la relación con su feminidad o su rol dentro de la familia.
Lo que necesitan no es que las llamen “guerreras” ni “supermujeres”. Necesitan espacios donde hablar de lo que aún duele, de los efectos secundarios que siguen, del miedo a la recaída, de la culpa por no sentirse siempre agradecidas.
Acompañarlas es validar que vivir después del cáncer también es un proceso. Y que ese proceso merece cuidado, escucha y tiempo.
- Madres que han perdido a sus hijos por el cáncer: presencia en ausencia
Para algunas mujeres, el Día de la Madre es una herida que se abre. Es la ausencia de una voz que ya no dice “mamá”, la silla vacía, los recuerdos que llegan sin avisar.
A veces, la sociedad no sabe qué decir y guarda silencio. Pero ese silencio duele más. Porque esas mujeres siguen siendo madres. Aunque sus hijos ya no estén físicamente, el vínculo, el amor y la memoria persisten.
El duelo por un hijo no tiene fecha de caducidad. No se “supera”. Se aprende a vivir con él. Y en fechas como esta, más que nunca, es vital reconocer esa maternidad que resiste al olvido. Desde aquí, las nombramos. Les enviamos un abrazo lleno de respeto, sin frases hechas, sin exigirles fortaleza. Solo presencia. Porque una madre no deja de serlo. Nunca
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