Antes del tratamiento, muchas personas enfrentan un miedo profundo y solitario. Esta es la historia de Rosa, una mujer que aprendió a caminar con él. Léela, compártela, siéntela.

💭 Esta semana, Rosa nos compartió cómo enfrentó el miedo al primer tratamiento…
Y aunque su historia habla de quimioterapia, no es realmente sobre quimioterapia.
Es sobre una sala de espera donde el tiempo se detuvo. Sobre la sensación de desarraigo cuando te pronuncian un diagnóstico que no sabías cómo escribir. Es sobre el vacío en el estómago cuando te entregan una orden médica y el cuerpo no obedece.
“No me dolía el cáncer. Me dolía lo que iba a perder”
Rosa tiene 43 años, madre de dos adolescentes, trabaja como asistente de gerencia en una empresa.
Su diagnóstico fue cáncer de mama HER2 positivo. Pero lo que realmente la sacudió no fue el nombre técnico. Fue imaginar que el tratamiento, ese del que tanto se habla y al que pocos le ponen rostro, podía quitarle no solo el cabello, sino también su identidad, su imagen, su libertad, su lugar en el mundo.
“El día que me dieron el resultado, pensé:
no me duele morir, me duele desaparecer antes de tiempo… no veré crecer a mis hijos, no los veré graduarse, formar familias…”
— Rosa
El miedo que nadie ve
Rosa no lloró en la consulta. Ni en el camino a casa. Lloró en el baño, tres días después, cuando encontró su cepillo dental junto al de su esposo y pensó: ¿y si pronto no está el mío?
Fue entonces cuando el tratamiento aún no había empezado, pero ya el miedo lo había invadido todo: los objetos cotidianos, las rutinas, la forma en que su familia la miraba.
El silencio incómodo de los que aman
Quienes la rodeaban querían ayudar. Pero como suele pasar, la prisa por aliviar el dolor ajeno termina negándolo.
Le decían:
- “Tienes que ser positiva”.
- “Vamos a salir de esta”.
- “No pienses tanto”.
Y ella, en silencio, pensaba:
¿Y si lo que necesito no es fuerza, sino un permiso para caer?
Una amiga le salvó el alma
Una noche, Rosa le escribió a su amiga de infancia: “No quiero ir al hospital. No quiero empezar. No quiero verme sin cejas, ni sin voz. No quiero fingir que estoy bien cuando no lo estoy.”
Su amiga le respondió sin rodeos:
“Entonces no finjas. No estés bien. No luches si no puedes. Yo estoy aquí para cuando solo puedas respirar.”
Y ese fue su primer alivio. No una quimioterapia, ni una pastilla. Una presencia que no juzga, que no exige, que no empuja.
Una presencia que acompaña.
Los audios a sí misma
Rosa decidió autoenviarse audios , que le ayudaban a nombrar lo que el cuerpo callaba.
Una de ellos decía:
«Si alguna vez me ves cansada, no me hables de esperanza, abrázame por dentro. Si algún día pierdo la sonrisa, búscala en mis hijos. Si pierdo el pelo, recuérdame que eso no me arranca la ternura. Si no puedo más, no me pidas más. Sólo siéntate conmigo hasta que vuelva a poder.»
Hoy guarda esos audios. A veces los escucha. A veces llora. Pero siempre termina con un suspiro que parece decir: aún estoy aquí.
El tratamiento comenzó
Rosa entró a la primera sesión con una cobija suave, un termo con té y una libreta. No sabía cómo sería el día. Sabía que no quería olvidarlo.
No fue fácil. Nada lo fue. Pero ese primer paso lo dio con todo el miedo incluido, sin esconderlo, sin disfrazarlo, sin negarlo.
“No me curé del miedo. Aprendí a caminar con él”
Rosa sigue en tratamiento. Tiene días buenos, días grises y días que no caben en ninguna categoría.
Sigue enviando los audios
Sigue preguntándose qué sigue.
Sigue escuchando a otras personas que llegan a esa misma sala donde todo empieza.
Hoy dice:
“No vengo a dar lecciones, ni frases de autoayuda. Solo quiero que alguien que esté temblando como yo temblé, sepa que se puede vivir con miedo… y aún así avanzar.”
¿Y tú?
💬 ¿Qué sentiste antes de tu primer tratamiento?
¿Fue miedo, rabia, vacío, resistencia… o todo al mismo tiempo?
Escríbemelo en los comentarios o por mensaje.
Quizá alguien, en este momento, necesita saber que no está sintiendo “algo raro”… sino algo profundamente humano.
Esta historia hace parte de la sección: Historias que Inspiran.
Porque el cuidado no empieza con una aguja, sino con una palabra que te haga sentir menos sola/o.
¿Tú también quieres compartir tu historia?
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o por Instagram: @casada_conelcangrejo
Este texto te tocó?
📲 Compártelo con alguien que esté en ese momento previo, en esa antesala del tratamiento donde todo parece más grande que uno mismo.
A veces, compartir una historia es la forma más noble de acompañar.
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