Cuando el cuerpo no coincide con los resultados médicos, lo único honesto es aprender a sostener el cuerpo y la mente en medio del desgaste.

“Los exámenes están bien.”
“Todo va según lo esperado.”
“El tratamiento está funcionando.”
Y, sin embargo, tú te sientes peor.
Más cansancio.
Más dolor.
Más niebla mental.
Más tristeza.
Menos ganas de todo.
Si estás viviendo con cáncer o cuidando a alguien que lo vive sabes lo desconcertante que es recibir buenas noticias médicas mientras el cuerpo se siente frágil.
Los exámenes miran números, no tu experiencia
Las tomografías, resonancias, marcadores tumorales y análisis de sangre cuentan una parte de la historia:
qué está pasando con el cáncer.
Pero no miden:
- El desgaste acumulado del tratamiento
- El dolor que se sostiene en silencio
- El impacto emocional prolongado
- El agotamiento profundo que no se quita durmiendo
- La pérdida de energía vital
- El esfuerzo diario por “funcionar”
Por eso alguien puede estar “estable” o “respondiendo bien” y aun así sentirse peor.
El tratamiento no es neutro.
cura o controla la enfermedad, pero cobra un precio.
El cuerpo paga un precio que no sale en los informes
Muchos pacientes lo dicen con una frase que duele de lo cierta que es:
“yo a no soy la misma de antes”
Lo que no suele aparecer en el papel:
- Daño nervioso neuropatía (hormigueo, ardor, entumecimiento)
- Fatiga oncológica persistente
- Cambios hormonales abruptos
- Alteraciones del ánimo
- Pérdida de masa muscular
- Problemas digestivos
- Cambios cognitivos (“quimio-cerebro”)
Nada de eso suele reflejarse en un “todo va bien”.
Pero eso es lo que ocupa tu cuerpo cada día.
“Pero si estás mejor…”
Una de las frases que más duelen.
Porque invalida.
Porque obliga a sonreír sin fuerzas.
Porque confunde no empeorar con estar bien.
No estar empeorando no es lo mismo que estar bien.
Ellos dicen que estoy «bien», ignoran todo lo que siento, mi marido y mis hijas parece que olvidaron mi diagnóstico y todo lo que conlleva, me siento sola.
Herramientas para sostenerte sin exigirte
1. Separar dos preguntas que suelen mezclarse
- ¿Cómo está el cáncer?
- ¿Cómo estoy yo?
Que se tenga buenas noticias no invalida que la otra esté mal.
Ejercicio breve:
Dos columnas.
Exámenes: estable, responde, controlado.
Yo hoy: cansancio, dolor, ánimo bajo, mente lenta.
Separarlo permite darle sentido a la experiencia sin confundirse.
2. Traducir el malestar a lenguaje médico
❌ “Me siento muy mal.”
- “La fatiga me impide hacer tareas básicas.”
- “El dolor afecta mi sueño.”
- “La niebla mental interfiere con mi vida diaria.”
- “Mi estado emocional está mal desde hace semanas.”
Lo que afecta tu funcionalidad sí importa clínicamente.
3. Registrar síntomas invisibles
Una o dos veces por semana anotalos y puntualos de 0 a 10
- Energía
- Dolor
- Sueño
- Ánimo
- Concentración
Esto legitima tu experiencia y facilita ajustes reales con el equipo médico
4. Cuidar el sistema nervioso agotado
Cuando una persona vive con cáncer, su cuerpo suele estar en modo alarma durante mucho tiempo:
- citas médicas constantes
- tratamientos agresivos
- miedo, incertidumbre
Aunque los exámenes salgan bien, el cuerpo no recibe la señal de que ya puede relajarse. Estas herramientas envían pequeñas señales de:
- seguridad
- contención
- pausa
Herramientas simples:
- Respiraciones lentas
- Música suave
- Sensaciones físicas que reconfortan (calor, apoyo, cercanía)
- Rutinas pequeñas y repetidas
- Silencio sin exigencia
Es darle al cuerpo una señal mínima de calma cuando está sobrecargado, para ayudar a regular el estrés fisiológico y prevenir un mayor desgaste.
5. Poner límites a frases que hieren
No tienes que educar a todos.
No tienes que justificarte.
Poner límites también es cuidado.
🗣️“Tienes que ponerle ganas.”
👉 “Estoy haciendo lo que puedo con la energía que tengo.”
🗣️ “Eso es normal, a todos les pasa.”
👉 “Para mí hoy se siente pesado, aunque sea común.”
🗣️ “No te quejes, vas ganando.”
👉 “No estoy quejándome, estoy contando cómo me siento.”
🗣️ “Otros están peor.”
👉 “Cada proceso es distinto, este es el mío.”
🗣️ “Ya pasó lo peor.”
👉 “Todavía estoy en recuperación, paso a paso.”
6. Ajustar expectativas de energía
La energía ya no es la misma, piensa el día como un presupuesto limitado. Si gastas todo, el cuerpo cobra factura, es supervivencia consciente.
7. La atención psicológica como componente del cuidado
No es para “cuando ya no puedes más”.
El acompañamiento psicológico forma parte del tratamiento.
No es solo para momentos límite, sino para procesar el miedo, elaborar las pérdidas, poner en palabras el cansancio y reducir el aislamiento emocional. No resta fortaleza; aporta sostén.
Para resumir…
Que los resultados sean favorables no significa que el impacto del tratamiento haya desaparecido. El cuerpo continúa adaptándose a procesos físicos y emocionales complejos, y esa adaptación puede manifestarse como cansancio, fragilidad o cambios persistentes. Reconocer estas señales y atenderlas no contradice el abordaje médico; forma parte de un cuidado integral orientado a la calidad de vida durante y después del tratamiento.
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