Entre la esperanza y la incertidumbre: lo que se siente esperar un resultado médico

Explora el impacto emocional de las revisiones médicas tras una enfermedad oncológica y descubre cómo vivir con serenidad, presencia y sentido mientras continúas tu proceso de cuidado y recuperación.

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El martes tuve control, no era un día cualquiera… aunque desde afuera lo pareciera. La ciudad seguía igual, la gente seguía con su rutina, el reloj avanzaba como siempre. Pero por dentro… era distinto. 

Ese día me hicieron la PCR ( reacción en cadena de la polimerasa) para revisar cómo va mi LMC (leucemia mieloide crónica), cómo ha respondido mi cuerpo al tratamiento, cómo se está comportando el  cangrejo(cáncer) que ahora forma parte de mi vida aunque yo no la haya elegido.

Y es extraño… porque se aprende a vivir, a sonreír, a sentir que todo vuelve a su lugar. Pero cuando llega el día del control, algo muy profundo se mueve por dentro, por lo menos en mi caso.

No es algo que se piense… es algo que se siente.

Desde que despiertas sabes que el día tiene otro peso, el cuerpo está más atento, la mente más silenciosa… pero más alerta, como si cada parte de ti estuviera esperando escuchar algo importante.

Mientras me tomaban la muestra pensé rapidamente en todo lo que ha pasado desde el inicio del tratamiento. En el miedo del comienzo. En la incertidumbre. En el cansancio. En la fuerza que apareció cuando ni siquiera sabía que la tenía.

Pensé en mi sangre… trabajando, respondiendo, adaptándose.
Pensé en mi cuerpo… haciendo su parte todos los días en silencio.

Y sentí algo muy humano: vulnerabilidad.

Porque en estos momentos se entiende que hay cosas que no pueden controlar. Que hay procesos invisibles ocurriendo dentro de uno mismo. Que la ciencia mide, observa, analiza… pero el corazón simplemente espera…

Esperar resultados tiene una textura emocional muy particular.
No es desesperación.
No es calma.
Es algo intermedio… como quedarse suspendida en el tiempo.

Pregunto cuando saldran los resultados y en medio de esa espera también aparece algo más… algo que antes no sabía reconocer tan bien: gratitud.

Gratitud por poder hacer el control.
Por tener tratamiento.
Por seguir aquí.
Por mi cuerpo… que sigue luchando conmigo y por mí.

El martes no fue solo una prueba de laboratorio, fue otro encuentro conmigo misma.
Con mi historia.
Con mi fortaleza… y también con mi fragilidad.

Porque vivir con LMC no es solo tomar medicamentos o esperar cifras en un resultado. Es aprender a convivir con la incertidumbre sin dejar que te robe el presente. Es respirar profundo incluso cuando el corazón late más rápido. Es seguir viviendo mientras la vida sigue decidiendo cosas en silencio dentro de ti.

Hoy estoy en ese espacio de espera.

Y mientras espero… elijo hacer lo único que realmente puedo hacer: vivir este día, este momento, este respiro… con toda la presencia posible.

Porque mi vida no está en el resultado.
Mi vida está ocurriendo ahora mismo🧡

Para quienes también están viviendo este camino

Si tú también estás pasando por controles, tratamientos o periodos de espera, quiero compartir algo que he ido aprendiendo durante estos 21 años de estar casada con el cangrejo, no como teoría, sino como experiencia vivida.

1. Entender lo que te están haciendo reduce la angustia

Preguntar es un acto de autocuidado, puedes pedir a tu equipo médico que te explique( tienes derechoa la información)

  • Qué mide exactamente la prueba.
  • Qué significan los números del resultado.
  • Qué cambios son esperados y cuáles no.
  • Cada cuánto se evalúa la respuesta al tratamiento y por qué.

Entender lo que está pasando convierte la incertidumbre en algo que puedes comprender y manejar. No te quedes solo con un “todo está bien”, pide explicaciones reales.

2. Lleva un registro personal de tu proceso

Anotar fechas de controles, resultados, síntomas, efectos del tratamiento y preguntas pendientes ayuda a sentir continuidad y control.

No es obsesión, es participación activa en tu propio cuidado, un cuaderno, una carpeta digital o una aplicación médica pueden convertirse en aliados emocionales muy poderosos.

3. Aprende a regular el cuerpo mientras esperas

La ansiedad no solo está en la mente. Vive en el cuerpo, te comparto herramientas simples que ayudan:

  • Respiración lenta y profunda (inhalar 4 segundos, exhalar 6).
  • Caminatas suaves cada día.
  • Relajación muscular progresiva.
  • Rutinas de sueño estables antes de recibir resultados.

Regular el cuerpo calma la mente. 

4. No atravieses esto en silencio

Hablar libera carga emocional acumulada.

Puedes apoyarte en:

  • Tu equipo de salud (también están para lo emocional).
  • Psicología oncológica o acompañamiento terapéutico.
  • Grupos de apoyo presenciales o virtuales.
  • Personas cercanas que sepan escuchar sin minimizar.

5. Diferencia entre vigilar y vivir

El seguimiento médico es parte del cuidado… pero no debe convertirse en el centro de toda tu existencia.

Entre un control y otro también hay vida: planes pequeños, momentos cotidianos, alegrías sencillas. El bienestar no empieza cuando llegan los resultados, empieza cada día.

6. Construye puentes reales con tu equipo médico

Una buena relación terapéutica cambia completamente la experiencia.

Puedes decir cosas como:

  • “Esto me genera mucha ansiedad, ¿puede explicármelo mejor?”
  • “¿Qué señales deberían preocuparme realmente y cuáles no?”
  • “Necesito entender cómo interpretar mis resultados.”

La comunicación clara reduce la incertidumbre innecesaria.

Sentir nervios antes de un control no significa que estés retrocediendo emocionalmente, significa que has vivido algo profundo, que tu cuerpo recuerda y tu mente intenta protegerte.

Vivir o superar una enfermedad oncológica no significa borrar la historia, significa integrarla, integrarla como aprendizaje, como fortaleza.
Como recordatorio de la propia capacidad de atravesar lo impensable.

Y quizá, con el tiempo, las revisiones médicas dejen de sentirse como umbrales emocionales intensos… y se conviertan simplemente en lo que son: actos de cuidado hacia una vida que continúa.

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