“Mi algoritmo tiene cáncer

Debo tener un don extraño: el de elegir, sin proponérmelo, todas las películas donde alguien tiene cáncer. A veces pienso que es una broma cósmica, o que el algoritmo de Netflix y otras plataformas tienen acceso a mi historial médico. “Te podría gustar”, dice, y sí, me “gusta”: dos horas de quimio ajena.

Lo intento, de verdad. Busco historias livianas, escapismo, explosiones, amores imposibles. Pero ahí está: tarde o temprano alguien tose, alguien se rapa, alguien recibe una llamada con música triste de fondo. Y yo suspiro, como si viera venir un viejo conocido.

Antes del diagnóstico, llorar con una película me parecía un lujo. Un desahogo programado: uno llora, se seca las lágrimas, apaga la tele y sigue su vida. Ahora no. Desde que la palabra leucemia se volvió parte de mi vocabulario, las películas ya no se apagan del todo. Se quedan un rato más, pegadas a la piel.

Cuando veo a un personaje decir “voy a luchar”, me río un poco. No por crueldad, sino porque sé que la realidad no tiene esa música de fondo. «La lucha» es menos heroica y más tediosa: papeles, análisis, esperar que el cuerpo coopere. A veces pienso que los guionistas no saben lo aburrido que puede ser sobrevivir.

Pero también hay algo tierno en todo esto. Ver tanto cáncer en pantalla me ha enseñado a mirar de otra forma: a reconocer la fragilidad en los demás, incluso en las historias que intentan esconderla. Es como si el cine me recordara una y otra vez  que sigo acá, mirando, respirando, todavía parte de la historia.

Ya no me enojo cuando aparece otro personaje con cáncer. Ni cambio de película, ni hago comentarios del tipo “otra vez lo mismo”. Solo miro. A veces hasta me ríom lloero o le digo al guionista en voz alta eso no es así!! Quizá porque sé que el cáncer del cine siempre termina: se cura o mata, pero lo hace en dos horas, con luces  y m+usica de fondo perfectas y sin olor a hospital.

El mío, en cambio, sigue acá. Más silencioso, más real, menos fotogénico. Pero también más mío. Así que cuando la pantalla se llena de diagnósticos y despedidas, no lo tomo como una coincidencia, sino como una especie de guiño.

Tal vez el cine y su algorritmo no me persiguen. Tal vez me acompañan.

Y tú, también tienes un “algoritmo” que parece conocerte demasiado?
¿Te pasa que las historias sobre enfermedad, dolor o esperanza te encuentran sin buscarlas? Me encantaría leer tus experiencias, tus reflexiones o esas películas que te dejaron pensando.
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