Dolor durante el tratamiento del cáncer: causas y cómo manejarlo

¿Tienes dolor durante el tratamiento del cáncer? Conoce sus causas, tipos, opciones para aliviarlo y cuándo consultar al equipo de salud.

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Tener cáncer no significa necesariamente tener dolor. Pero cuando aparece, puede ser consecuencia de la enfermedad, de una cirugía, de la radioterapia, de la quimioterapia, de algunos tratamientos dirigidos, de procedimientos médicos o incluso de otras enfermedades que la persona ya tenía.

“Pensé que era normal después de la quimioterapia”

María recibe quimioterapia y, después de cada ciclo, comienza a presentar dolor en las piernas, los brazos y algunas articulaciones. En ocasiones describe una sensación de dolor generalizado y rigidez que interfiere con sus actividades habituales.

Al principio piensa que es una consecuencia inevitable del tratamiento y decide no mencionarlo: “Es por la quimioterapia. Tengo que soportarlo”.

Sin embargo, en su siguiente consulta explica detalladamente lo que está experimentando.

Esta información es relevante para el equipo de salud. Para evaluar el dolor no basta con saber que existe; es necesario conocer dónde se localiza, cómo se siente, cuándo aparece, cuánto dura, qué intensidad tiene, qué lo desencadena o alivia y cuánto afecta el sueño, la movilidad y las actividades cotidianas.

Además, no todos los dolores tienen el mismo origen. Puede tratarse de dolor muscular (mialgia), dolor articular (artralgia), dolor relacionado con inflamación o dolor neuropático, que puede manifestarse como ardor, hormigueo, sensación de corriente eléctrica o pinchazos.

Identificar correctamente el tipo y las características del dolor permite al equipo tratante buscar su causa y seleccionar la estrategia de manejo más adecuada para cada paciente.

Por eso, informar sobre un dolor nuevo, persistente o que está afectando la vida diaria no es una queja menor: es información clínica necesaria para una atención adecuada.

Mialgia, artralgia y neuropatía: no todo dolor es igual

Durante el tratamiento pueden aparecer distintos tipos de dolor.

Mialgia es el dolor muscular.

Artralgia es el dolor localizado en una o varias articulaciones.

También existe el dolor neuropático, que aparece cuando los nervios están afectados. Algunas personas lo describen como ardor, electricidad, hormigueo, pinchazos o sensación de quemazón. La neuropatía periférica puede ser consecuencia de determinados tratamientos de quimioterapia y en algunas personas, puede persistir después de terminarla.

Por eso decir simplemente “me duele todo” puede ser el comienzo de una conversación, pero no debería ser el final. El equipo necesita conocer ese dolor con mayor precisión.

¿Qué tan frecuente es el dolor en el cáncer?

Es frecuente, pero no significa que todas las personas con cáncer vayan a experimentarlo.

Según datos citados por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), cerca de 6 de cada 10 personas que reciben tratamiento contra el cáncer pueden presentar dolor.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el dolor afecta aproximadamente al 55 % de las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer y a cerca del 66 % de quienes tienen enfermedad avanzada.

Las cifras pueden variar entre estudios, pero dejan un mensaje importante: el dolor es frecuente, pero no significa que haya que soportarlo sin recibir ayuda.

¿Cómo se maneja?

El manejo del dolor durante el cáncer depende de su causa, intensidad y características, así como del tratamiento que recibe la persona, su estado general y otras condiciones de salud.

No existe un único tratamiento para todos los pacientes. El equipo de salud puede utilizar diferentes estrategias, incluyendo medicamentos y otras medidas, de acuerdo con las necesidades de cada persona.

Es importante no automedicarse, incluso cuando se trate de un medicamento que se pueda conseguir fácilmente. Algunos medicamentos pueden no ser adecuados durante determinados tratamientos contra el cáncer o pueden aumentar el riesgo de efectos secundarios.

En algunos casos de dolor moderado o intenso, el equipo médico puede considerar medicamentos analgésicos de mayor potencia. Su elección, dosis y forma de administración deben ser determinadas y supervisadas por profesionales de salud.

Lo importante es que el dolor sea evaluado de manera individual y que el paciente informe si el tratamiento indicado no está proporcionando suficiente alivio.

No es necesario aguantar el dolor hablar de él permite al equipo de salud buscar la mejor manera de manejarlo

No todo se resuelve con una pastilla

El manejo del dolor puede incluir otras intervenciones. Dependiendo de la causa pueden utilizarse fisioterapia y rehabilitación, técnicas de relajación, apoyo psicológico, acupuntura u otras estrategias integrativas.

En determinadas situaciones pueden ser necesarios procedimientos especializados, bloqueos nerviosos, radioterapia para algunos dolores relacionados con metástasis óseas u otras intervenciones.

Esto no significa que una persona deba reemplazar el tratamiento médico por terapias alternativas. Significa que el dolor puede necesitar más de una herramienta.

“Me daba miedo decir que me dolía”

Pensemos ahora en Carlos. Después de varias sesiones de tratamiento empezó a dormir mal porque el dolor aumentaba durante la noche.

No quería preocupar a su esposa, tampoco quería que el oncólogo pensara que no podía continuar con el tratamiento.

Así que comenzó a decir: “Estoy bien”.

Pero no estaba bien, cuando finalmente explicó lo que estaba ocurriendo, el equipo pudo valorar el dolor y ajustar su manejo.

Esta situación, basada en experiencias frecuentes de personas que reciben tratamiento, muestra algo sencillo: el equipo de salud no puede tratar un dolor que desconoce.

El NCI recomienda informar al equipo sobre el dolor y sobre qué tan bien está funcionando el tratamiento. Intentar soportarlo sin comunicarlo puede hacer más difícil controlarlo.

¿Qué puede hacer el paciente?

Una herramienta sencilla es llevar un pequeño registro.

¿Qué registrar?¿Qué puedo anotar?
Dónde me dueleEspalda, piernas, brazos, articulaciones, manos, abdomen u otra zona.
Cómo se sientePresión, ardor, pinchazos, calambre, sensación eléctrica, dolor muscular, rigidez, etc.
IntensidadDe 0 a 10, donde 0 es ningún dolor y 10 es el peor dolor imaginable.
Cuándo apareceDespués del tratamiento, durante la noche, al caminar, al comer, al moverse o en reposo.
Cuánto duraMinutos, horas o permanece durante gran parte del día.
Qué lo empeoraMovimiento, determinadas posiciones, actividad física, frío, noche u otros factores.
Qué lo aliviaDescanso, cambio de posición u otra medida indicada por el equipo de salud.
Tratamiento indicadoQué le indicaron, cuándo lo utilizó y si produjo alivio. No añadir medicamentos por cuenta propia.
Cómo afecta mi vidaSi dificulta dormir, caminar, comer, trabajar o realizar actividades habituales.

Llevar este registro durante varios días puede ayudar al equipo de salud a reconocer patrones, valorar la intensidad del dolor y tomar decisiones sobre su manejo.

Una pregunta que vale la pena hacer en consulta

En lugar de decir solamente: “Me duele”.

Podemos intentar decir:

“Desde la última quimioterapia tengo un dolor de 7 sobre 10 en las piernas y las articulaciones. Aparece principalmente por la noche, dura varias horas y me está impidiendo dormir. ¿Podemos revisar qué lo está causando y cómo manejarlo?”

Es una información mucho más útil para el profesional.

¿Cuándo hay que avisar rápidamente?

Hay que comunicarse con el equipo tratante cuando aparece un dolor nuevo, intenso, que empeora, que no mejora con el medicamento indicado o que comienza a impedir caminar, dormir, comer, respirar o realizar las actividades habituales.

También es importante consultar con rapidez si el dolor aparece acompañado de síntomas nuevos o preocupantes.

Y si el paciente está recibiendo quimioterapia y presenta fiebre, no debería asumir que se trata simplemente de los efectos del tratamiento. La fiebre durante determinados tratamientos contra el cáncer puede requerir valoración médica urgente.

Algo importante sobre los analgésicos

Que un medicamento pueda comprarse sin fórmula no significa que sea adecuado para todas las personas que reciben tratamiento contra el cáncer.

Por ejemplo, medicamentos como ibuprofeno, naproxeno o aspirina pueden no ser apropiados en determinadas circunstancias.

La elección depende, entre otras cosas, del tratamiento que recibe la persona, sus recuentos sanguíneos, función renal, riesgo de sangrado y otras condiciones.

Por eso es mejor preguntar antes de automedicarse: “¿Puedo tomar este medicamento con mi tratamiento?”

Es una pregunta sencilla que puede evitar problemas.

No tienes que soportar el dolor

Tener dolor no significa que debas aguantarlo, si duele, cuéntalo. Si el tratamiento indicado no funciona, dilo. Si el dolor te impide dormir, comer, caminar o realizar tus actividades, infórmalo.

El equipo de salud necesita conocer estos cambios para valorar qué está pasando y ajustar el manejo cuando sea necesario.

El objetivo no siempre es eliminar por completo cualquier molestia, sino lograr un alivio que permita a la persona mantener la mejor calidad de vida posible. No esperes a que el dolor sea insoportable para hablar de él.

¿Cuándo puede intervenir una clínica del dolor?

Cuando el dolor es persistente, difícil de controlar o afecta de manera importante la vida diaria, el equipo de oncología puede considerar la valoración por una clínica o servicio especializado en manejo del dolor.

Estos profesionales evalúan el tipo y la causa del dolor y pueden trabajar junto con oncología y otros especialistas para establecer un plan de manejo individualizado.

Acudir a una clínica del dolor no significa que el tratamiento contra el cáncer haya terminado ni que la enfermedad esté necesariamente avanzada. Su función es ayudar a controlar el dolor y otros síntomas para que la persona pueda tener la mejor calidad de vida posible durante su atención.

Si el dolor continúa a pesar del tratamiento indicado, puedes preguntar en tu consulta:

“¿Necesito una valoración por el servicio de dolor?”

Preguntas para llevar a la próxima consulta

Si estás teniendo dolor durante tu tratamiento, puedes preguntar:

  1. ¿Qué podría estar causando este dolor?
  2. ¿Puede estar relacionado con mi tratamiento?
  3. ¿Qué tipo de dolor tengo?
  4. ¿Qué medicamento es adecuado para mí?
  5. ¿Qué efectos secundarios debo vigilar?
  6. ¿Qué puedo hacer si el medicamento no funciona?
  7. ¿Cuándo debo llamar al equipo de oncología?
  8. ¿Hay alguna terapia física o de rehabilitación que pueda ayudarme?
  9. ¿Necesito valoración por cuidados paliativos o por una clínica del dolor?
  10. ¿Qué medicamentos o productos debería evitar durante mi tratamiento?

Nota: Este artículo tiene finalidad educativa y no sustituye la valoración del equipo de oncología. El tratamiento del dolor debe individualizarse según el diagnóstico, tratamiento recibido, otros medicamentos y condiciones de cada persona.

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Fuentes consultadas

  • Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Pain and Cancer / Dolor y cáncer.
  • Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Cancer Pain (PDQ®). Información para pacientes y profesionales.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). WHO Guidelines for the pharmacological and radiotherapeutic management of cancer pain in adults and adolescents.
  • National Cancer Institute. Cancer Pain Research Addressing Multiple Causes, Multiple Managements, 2024.

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