Cuando abrí Casada con el Cangrejo en abril, no había un plan perfecto ni expectativas infladas. Había una necesidad: nombrar lo que duele, lo que acompaña y lo que casi nunca se dice en voz alta cuando el cáncer entra a la vida

Este blog nació despacio, como nacen las cosas que importan. Sin promesas grandilocuentes. Con palabras reales. Con días buenos y otros no tanto.
Y hoy, al cerrar este 2025, necesito decir algo simple pero profundo: GRACIAS.
Gracias a quienes llegaron en silencio, leyeron y se quedaron un rato.
Gracias a quienes compartieron un texto porque “a alguien le podía servir”.
Gracias a quienes comentaron, aunque fueran pocas palabras.
Gracias a quienes regresaron.
Este año se publicaron más de cien entradas. No como una meta numérica, sino como un acto de constancia: volver a sentarse a escribir incluso cuando el cuerpo o el ánimo no acompañaban. Cada texto fue una forma de decir “aquí seguimos”.
Más de ocho mil personas distintas pasaron por este espacio. Desde Colombia, España, México, Estados Unidos, Argentina… y muchos otros lugares que jamás imaginé alcanzar cuando escribía desde mi propia experiencia. No es una multitud ruidosa. Es algo mejor: una comunidad que llega porque necesita, no porque consume.
Los textos más leídos no fueron los más bonitos, sino los más útiles. Los que explican efectos secundarios, los que hablan de cuidar sin desaparecer, los que nombran el miedo sin maquillarlo. Eso me confirmó algo importante: hablar claro también es una forma de abrazar.
Aquí se habla de cáncer, sí.
Pero también de infancia, de cuidado, de duelo, de resiliencia, de esperanza sin frases vacías. De lo que pasa cuando la vida cambia y una aprende a habitarla distinto.
Este no es un balance para presumir números. Es un alto en el camino para reconocer el trabajo honesto, sostenido, imperfecto… pero profundamente humano. Un trabajo que no camina solo: camina acompañado.
Si este blog existe, crece y se sostiene, es porque alguien del otro lado leyó y pensó: “esto también me pasa a mí”. Y eso, en un tema tan solitario como el cáncer, lo es todo.
Gracias por hacer comunidad.
Gracias por confiar.
Gracias por estar, incluso cuando no dices nada.
Nos seguimos leyendo en 2026.
Deseo de corazón que el próximo año nos regale más motivos para respirar hondo. Que traiga noticias buenas, pequeños descansos, fuerzas renovadas y momentos de calma incluso en medio de lo incierto. Que 2026 nos encuentre con la capacidad de seguir adelante a nuestro ritmo, con esperanza real, de esa que no niega lo difícil, pero tampoco suelta la mano. Y que sigamos aquí, acompañándonos, porque cuando caminamos juntos, el camino se hace más fácil.
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Mil gracias.
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